Entenderse con la adversidad

Publicado: 29/01/2021
Autor

Pedro García Vázquez

Pedro García es periodista. Director de Informativos de 7 Televisión y Publicaciones del Sur

Absit Invidia

Con la esperanza de ser entendido por lo que pone, y por lo que no. Eso sí, sin ánimo de ofender ni en castellano, ni en latín

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Hemos pasado del horror inicial a la congoja, cambiando nuestro estilo de vida
Acaba de arrancar una carrera de aciagos aniversarios. Ya se ha recordado el año del paciente 1 del coronavirus en Wuham. El 31 de enero lo haremos del primer caso en España, detectado en la Gomera, y, poco después, el 26 de febrero, el de Andalucía en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Era el carrusel de avisos que jugaba con nuestra ignorancia. (Casi) todos éramos ajenos a lo que se nos venía encima.

Ni en la peor de las pesadillas lo imaginamos. Utilizo el paréntesis para encerrar el adverbio porque hay quien, entonces y contra corriente, lo percibía. Recuerdo a una de ellas. Una compañera del tajo cuyo nombre omitiré. Ella, entonces, me decía: “he dejado de ir a la cafetería donde desayuno porque he visto allí a un par de chinos”. Era febrero de 2020. No tenía nada contra los ciudadanos de esa nacionalidad, simplemente era una medida de precaución que a mí, en aquel momento, me parecía exagerada y disparatada. El tiempo ha dado la razón a su cautela.



La aparición del Sars-Cov-2 ha sido el acontecimiento más relevante en el planeta desde la II Guerra Mundial, y en algunas naciones ya supera en número de víctimas al gran conflicto bélico. Desde entonces nos entendemos con la adversidad, y aprendemos de ella. Hemos comprendido el lenguaje del combate contra el covid-19 e incorporado alguna de sus palabras a nuestro lenguaje. Hemos pasado del horror inicial a la congoja. Hemos cambiado nuestro estilo de vida y sufrido en el bolsillo el desastre global.

Ni siquiera resplandece la luz de la esperanza aportada por la ciencia. La aplicación de la vacuna es un ejemplo del poderosocaballeroesdondinero, que dijo Don Francisco de Quevedo. La UE, peleando con las multinacionales farmacéuticas, y los países en desarrollo y del Tercer Mundo, en la desespera. Mientras, países poderosos como Israel consiguen las dosis. Y ya que he mencionado a Quevedo no podemos olvidar la picaresca. Mejor dicho a los granujas, esos que han aprovechado su plaza y responsabilidad para garantizarse la inmunidad. Ya lo decía el ilustre escritor del siglo de Oro español: quien pierde la honra por el negocio pierde el negocio y pierde la honra.

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